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Diana Lopszyc | “Beethoven: Bagatelas Op.33, 119, 126 & Polonesa en Do, Op.89″

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15 febrero, 2015

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Diana Lopszyc | “Beethoven: Bagatelas Op.33, 119, 126 & Polonesa en Do, Op.89″

Al escuchar los ciclos de Bagatelas compuestas por Beethoven, se hace evidente que dicha denominación no es la más adecuada para describir estas pequeñas obras.

Si bien su significado literal es pieza de poca importancia o valor,  no puede decirse que ésa sea la mejor manera de calificar los detalles y sorpresas dinámicas y rítmicas de algunas piezas del Op. 33, la multiplicidad de matices de las Op. 119 o el tono de meditación y de impacto dramático de las creaciones del Op. 126. Entre las 24 piezas que conforman los tres opus mencionados, se exhibe la progresión musical del compositor, ya que las mismas develan en una porción más delicada, los logros que en estructura y carácter se plasman tan plenamente en sus Sonatas.

Cabe sí consignar, que el término bagatela no implica la utilización de una forma específica, y que el mismo -si bien generalmente se asocia a las creaciones beethovenianas- se encuentra por primera vez en la publicación del Dixième Ordre pour le clavecin de Francois Couperin que data de 1717, entre las cuales figura un rondó titulado “Les bagatelles”. Con posterioridad a Beethoven, el término fue utilizado por algunos compositores con carácter descriptivo; tal es el caso, por ejemplo, de las series de Bagatelas de Smetana, Saint-Saëns o Bartok.

Las Siete Bagatelas Op. 33, fechadas entre 1801 y 1802 (aunque probablemente algunas fueran concebidas con anterioridad) son contemporáneas, entre otras, de las Tres Sonatas para violín Op. 30, de las Tres Sonatas para piano Op. 31, de  las Variaciones para piano Op. 34 y Op. 35  (Variaciones “Heroica”) y en el terreno sinfónico, de la Segunda Sinfonía Op. 36. Fieles ejemplos de la música encaminada hacia el período medio, estas obras se apartan del contenido sonoro de Haydn y de Mozart, en momentos en que según lo consigna Czerny –su joven discípulo de esos años– el maestro hablaba de “un nuevo camino” que continuaría en los años siguientes.

Las Once Bagatelas Op. 119,  conforman el grupo mayoritario en lo que respecta a la cantidad de piezas. Su composición se ubica entre 1820 y 1822, es decir, en el último período beethoveniano, aunque, como en el caso precedente, es muy probable que algunas fueran anteriores. Cronológicamente, se encuentran acompañadas por obras de la talla de las Sonatas Op. 109, Op. 110 y Op. 111, y por las Treinta y tres variaciones sobre un vals de Diabelli, Op. 120.

El grupo de las Seis Bagatelas Op. 126 fue concebido entre 1823 y 1824, perteneciendo también al último período de la creación beethoveniana, pero por ser unos años posterior, comparte su composición con la Misa Solemne Op. 124 y la Novena Sinfonía Op. 125. La necesidad de perfección máxima en la conducción de las voces alcanza en los últimos cuartetos y sonatas una medida realmente inconcebible; en ellos son innumerables los pasajes en que dentro de uno o dos compases se encierra un mundo de sensibilidad. Formas menores, tiempos brevísimos, se encontraban antes aquí y allá en su obra, pero nunca les había concedido la importancia que les otorgó en la composición tan cuidada de estas Bagatelas. Beethoven fue un maestro del tiempo musical en el cual puede observarse con una calidad prístina, la relación existente entre intensidad y duración; la extensión de una obra queda así unida no sólo a la cantidad de compases,  sino muy fuertemente a la complejidad armónica, al peso y alcance de una línea melódica o a la densidad de una textura.

En el bienio 1813-1814, Beethoven obtiene grandes éxitos con obras tales como la Séptima Sinfonía, y compone la Polonesa en Do Mayor Op. 89, dedicada a la emperatriz Elizabeth Alexeiewna de Rusia. Esta obra es además contemporánea a la Sonata para piano Op. 90, y representa estilísticamente el momento de transición que va desde el estilo medio hasta el tercero y último período beethoveniano. La misma presenta todas las peculiaridades de la danza que le diera origen, especialmente aquéllas relacionadas con la rítmica utilizada.

Luego de una impactante introducción, se presenta el ritmo característico (corchea, dos semicorcheas, cuatro corcheas) bajo una elegante línea melódica. La figuración se acelera por momentos, para volver a la métrica inicial. Luego de un pasaje en la modalidad menor, transita por La Bemol Mayor y La Mayor, para regresar a la tonalidad original y arribar al brillante final.

Lic. Nilda G. Vineis – Musicóloga

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